Para muchas personas en el mundo las estrellas ya no aparecen en la noche o son apenas visibles, ocultas bajo la bruma y el resplandor producido por  la creciente urbanización y la contaminación lumínica.

Este deterioro en las condiciones del cielo nocturno de las grandes ciudades, ha dado lugar a un creciente interés por parte de las personas de reencontrarse con la inigualable experiencia de observar el esplendor de la vía láctea, una lluvia de estrellas fugaces o las hermosas constelaciones que es posible contemplar en una noche despejada desde los cielos de Chile.

Esta necesidad por contemplar la belleza del cielo nocturno está propiciando el surgimiento de nuevas formas de turismo, las que en nuestro país se han visto potenciadas con la instalación de varios observatorios astronómicos turísticos. El Observatorio Mamalluca en la ciudad de Vicuña o el Cruz del Sur en la ciudad de Combarbalá son una muestra del empuje que está cobrando esta nueva actividad.

Pero los observadores de estrellas también requieren alojamientos y servicios, por lo que muchos sectores turísticos y  parques nacionales, con sus instalaciones de visitantes ya establecidas, están comenzando a hacer una virtud de sus propios cielos oscuros.

En el marco de esta nueva y vigorosa actividad económica, el trabajo de la Oficina para la Protección de la Calidad del Cielo del Norte de Chile cobra especial relevancia. Sus tareas de difusión de la Norma Vigente son de especial interés para preservar el inigualable patrimonio de nuestros cielos, los que no sólo son un aporte al avance de la investigación científica, sino que también representan un factor de desarrollo económico y cultural para todos los habitantes de nuestro país y del mundo.