La región del norte de Chile es mundialmente reconocida como la mejor de todo el Hemisferio Sur para realizar observaciones astronómicas debido a la transparencia y oscuridad de sus cielos nocturnos.

 

Chile se ha transformado en el lugar más importante en el mundo para la observación astronómica. Ello se debe tanto a la transparencia de los cielos de la zona norte, como también a las escasas precipitaciones en dichos lugares.
Lo anterior, junto con condiciones políticas y económicas estables y favorables, han posibilitado la instalación de telescopios tan importantes como los que se encuentran emplazados en Cerro Tololo y Cerro Pachón (Observatorio AURA), La Silla y Paranal (Observatorio ESO), Las Campanas (Observatorio CARNEGIE), e incluso ALMA, en el Llano de Chajnantor. Más aún, se estima que el año 2025, cuando todos los proyectos estén operando, el país, concentrará el 70% de la capacidad de astronómica a nivel mundial. Así, la calidad de los cielos de la zona norte del país constituyen un patrimonio ambiental que es necesario preservar.

Sin embargo, el mal alumbrado de exteriores en los centros poblados cercanos provoca contaminación lumínica, lo que implica un incremento en el brillo nocturno, afectando así la calidad de los cielos para la observación astronómica. La contaminación lumínica tiene como manifestación más evidente el aumento del brillo del cielo nocturno, por reflexión y difusión de la luz artificial en los gases y en las partículas del aire urbano, de forma que disminuye la visibilidad de las estrellas y demás objetos celestes.

Se constituye así un patrimonio propio y único que beneficia a sus habitantes, turistas, profesionales y aficionados en la observación de este cielo.

La principales fuentes emisoras de contaminación lumínica son el alumbrado público, el alumbrado publicitario y el deportivo. Asimismo, actividades como la construcción o la minería, pueden constituir fuentes de contaminación lumínica. El tipo de fuente de luz utilizado también incide en la calidad de los cielos nocturnos. Mientras más azul contenga la fuente, mayor es el daño a los cielos nocturnos, por la mayor dispersión que provoca en la atmósfera. De la misma forma, la ubicación o la dirección hacia la cual se dirige la iluminación es otra de las causas de contaminación lumínica y la luz emitida en ángulos cercanos al plano horizontal provoca mucho mayor daño que aquellas emisiones dirigidas al zenit.

A fin de proteger este patrimonio natural, Chile cuenta desde el año 1999 con una norma ambiental cuyo objetivo es prevenir la contaminación lumínica de los cielos nocturnos de la zona norte. Esta norma fue revisada, tal como lo establece la ley, y en su nueva versión, publicada en el Diario Oficial en el año 2012, se establecen mayores exigencias. La nueva norma continúa con el objetivo de regular el alumbrado de exteriores, restringiendo aún más la emisión de luz hacia el cielo, mediante luminarias apantalladas y sin inclinación (cierre total). Junto con ello, restringe la emisión de luz en el rango azul, en el ultravioleta y en el infrarojo, En el caso de instalaciones nuevas, éstas deben contar con una certificación, la cual debe ser realizada por laboratorios autorizados por la Superintendencia de Electricidad y Combustibles, SEC. En tanto la fiscalización de la norma, recae en la Superintendencia del Medio Ambiente, SMA.

En 2004, UNESCO
creó una iniciativa llamada “Astronomía y Patrimonio Mundial” como parte de una estrategia global para desarrollar una lista de Patrimonio Mundial balanceada y representativa.

En 2008, UNESCO firmó un Memorandum de Entendimiento de la Unión Astronómica Internacional (IAU, por sus siglas en inglés). Como resultado, la IAU se ha involucrado integralmente en el proceso de avanzar con esta iniciativa, comenzando con el Año Internacional de la Astronomía en 2009 y continuando luego con otras iniciativas, como la celebración del Año Internacional de la Luz, en 2015. Ante la imposibilidad de inscribir los “cielos oscuros” como parte del patrimonio mundial, se dio inicio a otra iniciativa para identificar ciertos observatorios activos del mundo como patrimonio astronómico, entre los cuales se encuentran los del Norte de Chile, los de las Islas Canarias y los de Hawaii, denominados como “Ventanas al Universo”. El 2015, durante la XXIX Asamblea General de la Unión Astronómica Internacional, se convocó a los países participantes a coordinar los esfuerzos para llevar adelante esta iniciativa. Con la participación y ayuda de expertos del Gobierno Chileno, de los Observatorios Internacionales en Chile, y de las entidades UNESCO, IAU, e ICOMOS, Chile ha demostrado un claro liderazgo en esta materia, avanzando en la elaboración de recomendaciones para una eventual postulación a la Lista de Patrimonio de la Humanidad.