En las últimas décadas, el grado y la intensidad de la iluminación artificial de la noche se han incrementado de tal forma que hoy nadie puede negar sus efectos negativos sobre hábitats y especies.

En relación a las áreas naturales y espacios protegidos han de distinguirse dos acepciones relativas a los efectos de la contaminación lumínica. Una es la ”contaminación lumínica astronómica”, es decir, la que altera la vista del cielo nocturno considerado como paisaje, y la otra acepción, se corresponde con la ”contaminación lumínica ecológica”, referida a la alteración de los regímenes de luminosidad naturales en los ecosistemas terrestres y acuáticos.

La progresiva ocupación del territorio provoca que los hábitats, ecosistemas y comunidades sensibles, se encuentren expuestos al impacto de la luz artificial en la noche, así como a los efectos directos de la contaminación atmosférica que reducen la calidad del cielo nocturno. Nuestro conocimiento actual de la gama completa de consecuencias ecológicas derivadas de la pérdida de calidad del cielo nocturno es todavía muy limitada. Se hace necesario tomar una mayor conciencia y responsabilidad de la necesidad de profundizar en la investigación y el desarrollo de metodología científica capaz de evaluar el alcance de estos fenómenos.

Actualmente se tiene abundante información sobre los efectos causados en determinadas especies migratorias que se guían por la luz de las estrellas, o sobre fenómenos tan evidentes como la muerte masiva por deshidratación de determinadas tortugas marinas desorientadas por las luces en sus playas natales. Pero la extensión de la noche artificial en el medio natural provoca otros impactos no tan conocidos o evidentes. Entre ellos destaca la alteración de los ciclos de ascenso y descenso del plancton marino, lo que afecta a la alimentación de las especies marinas, o las incidencias desfavorables sobre el equilibrio poblacional de muchas
especies, resaltando ámbitos como la perturbación de Ia numerosísima fauna de insectosnocturnos y el equilibrio depredador-presa.

Preservar íntegramente la naturaleza implica conservar los ”Paisajes de Luz Natural”, especialmente en la noche. Un ”Paisaje de Luz Natural” es un entorno caracterizado por la influencia lumínica natural del sol y los ciclos lunares, por disponer de aire limpio, y de cielos oscuros no perturbados por la luz artificial.

La inclusión de los cielos oscuros como dimensión en la protección de los paisajes de la noche, no representa solamente un recurso esencial en su mantenimiento o preservación, sino que también contribuye a enriquecer las múltiples experiencias de los visitantes y abrir nuevos escenarios para las ciencias naturales.

Los espacios naturales protegidos deben ser por propia definición ámbitos preferentes del desarrollo de iniciativas de protección de la luz natural de la noche. En particular se destaca el papel de laboratorios de la conservación de la noche que pueden jugar espacios emblemáticos como los incluidos en la Red Mundial de Reservas de Biosfera, los Parques Nacionales, los Sitios Patrimonio de la Humanidad o los lugares incluidos en la lista de Ramsar, capaces de generar nuevos conocimientos científicos y sistemas de gestión avanzada sobre los factores relacionados con la luz que inciden en el periodo nocturno respecto a la conservación de la biodiversidad.